La cabeza de Medusa
Medusa.- Te dijeron la verdad y te engañaron con ella. Los dioses, los ideales, engañan con la verdad. Aquí estoy. Allí está tu espada. Empieza tu carrera.
Emilio Carballido. Medusa.
Perseo inclinó la cabeza hacia los cristales sucios de aquel inmenso edificio. Al ras del suelo (seguramente se trataría de un subsuelo o un sótano) se encontraban los vidrios, los que dejaban ver la figura borrosa de una joven de frente a un espejo. No pudo mirar sino los rizos que serpenteaban el cuello de la chica: oscuros, tersos, bajando hasta los hombros. Aquella cabellera ocultaba algo hondo, impenetrable e imposible. No pudo ver más; ni los ojos pétreos ni su luz muda. No pudo ver, ¡pobre!, la quietud de estatua del cuerpo.
Tenía hambre y sed; deseaba. Quiso sentir la sensualidad desnuda y completa de la joven que se encontraba tras los vidrios sucios de esa habitación con espejos. Debía entrar al edificio y hallar la puerta de ese cuarto. Buscó el umbral. Encontró los portones oxidados y débiles. Los movió sin dificultad.
Observó detenidamente el interior industrial. Lo asombró la altura perdidiza de las vigas que sostenían al edificio y que, en dado punto, eran cubiertas por las sombras. Había bandas mecánicas inmóviles y grandes maquinarias estáticas. Descendió varios escalones y se quitó la falsa idea de que la habitación que buscaba estuviera en el sótano. Aquélla era una planta baja colocada varios metros debajo de lo que debería estar. El ambiente poco iluminado era cavernoso y su estado húmedo le confería un aspecto de gruta ancestral. Sólo después de caminar unos cuantos pasos en ese suelo subterráneo se percató de lo que en realidad era: un jardín de estatuas mutiladas; o eso le pareció al tropezar con un brazo sin vida, ligeramente rosado, articulado por ligas internas y engranes. Siguió andando por la oscuridad de la fábrica de muñecas, recogiendo los pedazos esparcidos de los cuerpos sin armar. Las manos poseían una tersura inigualable, cálida, pero los codos con tornillos y asperezas le regresaban a las extremidades su naturaleza artificial. Entonces las volvía a tirar.
Quizás no hicieran sólo muñecas, tal vez también fabricaran prótesis. Las medidas de algunas partes (las manos, las piernas) alcanzaban proporciones propias de las de los humanos.
Sus ojos empezaron a adaptarse a la falta de luz del edificio. Sin embargo, buscaba un interruptor que encendiera las lámparas. Fue durante esa búsqueda que dio con los instructivos de ensamble. Leyó en silencio:
1) Recoger las partes de las muñecas que se requieran de la banda.
2) Ensamblar cuidadosamente cada parte que le corresponda trabajar. Los materiales estarán a su disposición en la bandeja de su derecha. Las herramientas serán proporcionadas por los supervisores. Tener cuidado en el manejo de las cabezas, son muy frágiles.
3) En caso de alguna obstrucción en la banda llamar al supervisor.
4) Una vez que se hayan ensamblado correctamente las partes correspondientes de la muñeca, dejarla sobre la banda de la izquierda.
5) Tener cuidado en todo momento de no introducir o acercar a la maquinaria ninguna extremidad.
Eso era todo lo que podía leer, pues el sarro había cubierto casi por completo el lugar. Imaginó la fábrica en vida y quiso levantar con sus murmullos el silencio del ambiente, mas nada pudo hacer, la afonía permanecía impenetrable como un eco mudo que nada decía. Desesperado, Perseo buscó con fervor la puerta de la chica. Halló varias, pero ninguna fue la correcta; la una daba a la nada, la otra ocultaba una habitación insondable como el infinito.
Si alguien lo hubiera visto juraría que salía de una lucha cruenta. Tenía el cuerpo sucio y sudoroso, y los gestos del cansado y del impotente: todo un monumento al héroe.
Sólo quedaba una puerta por examinar. Debía ser ésa. Intentó abrirla, pero parecía inmutable, inamovible. Utilizó entonces una barra rojiza por el óxido que estaba próxima; un remedo de espada. Algo en la fuerza del chico logró doblegar la entrada atascada. Pobre Perseo, no había quien le dijera: ¡no abras la puerta tras la que se esconde!. Nadie se lo dijo, y aun cuando se lo hubieran advertido no habrían detenido su imprudente deseo.
Sí, aquélla era la habitación. Al fin contempló a Medusa en todo su esplendor. Un largo vestido de holanes; un saquito verde y raso; la quietud absoluta. Perseo no resistió más, corrió hacia ella y la tocó, y en el mismo momento retrocedió su mano. La pierna bajo los holanes no era tal, únicamente era una prótesis, una refacción, un intento mal hecho de carne. Perseo le quitó todo el vestido a Medusa. No encontró el pubis rojo ni los senos tibios de sangre; pero en lo alto, coronando aquel cuerpo de muñeca, había una cabeza humana. Era reciente, fresca; la delataba la piel apenas azulada y el casi imperceptible olor a muerte. Aquélla era una cabeza que él no había arrancado. Absorto por tal hallazgo, sintió la terrible necesidad de tomarla. Levantó entonces entre sus manos la cabeza de Medusa y al instante el horror lo petrificó.
















Comments
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Life isn's fair, but that's what makes it so great and beautiful.
-96% of teens won't stand up for God. Put this in your sig if you're one of the 4% who will-
y no ando en condicones de leer (si me entiendes
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Life isn's fair, but that's what makes it so great and beautiful.
-96% of teens won't stand up for God. Put this in your sig if you're one of the 4% who will-
Todo el cuento está bastante bien armado, el cómo manejás el mito de Perseo y Medusa, le das bastante originalidad. Y el final es sorprendentemente fuerte y bueno. Seguí así, pibe!!
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...Soy el viento susurrante que corrompe los sentidos...
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¿Somos el recuerdo de alguien que nos está olvidando?
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¿Somos el recuerdo de alguien que nos está olvidando?
jaja gracias por la crítica, aunque me gustaría que fueras más duro conmigo, el relato es una mierda xD. ¿Qué te pareció Reyes? ¿A poco no es, como dije esa vez, el Borges mexicano? (Hay que tener en cuenta que Reyes fue el maestro de Borges XD).
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¿Somos el recuerdo de alguien que nos está olvidando?
No he leído a Reyes ñ_ñ' en cuanto pueda lo haré
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...Soy el viento susurrante que corrompe los sentidos...
jaja tienes que ser más duro, los críticos son duros,como ya te dije, el relato es una mierda, hay muchas pestes que decir acerca de ella.
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¿Somos el recuerdo de alguien que nos está olvidando?
Wow.Simplemente genial. Usted es muy bueno.
Me encanto la forma en que lo relatas jeje me envolvió por completo...y con la pintura de por medio ya me daba una idea que algo así iba a pasar.
Felicidades señor Haba... simplkemente genial.
Lo quiero.
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