El mito del polvo
Polvo fuiste, y polvo serás
La madre del hombre es la historia, el conocimiento, el nombre mismo del hombre, y su padre es el tiempo.
A veces el tiempo se fragua en polvo, la noche y el día se acoplan a tela gris de tardanza.
Mis ojos miraban lentamente el aire duro y abotargado de calor (En Julio, el séptimo), el suelo lleno de frío, apenas fermentando el ardiente día. A la izquierda de la piedra (mama le dice artesanía) se ubica un blando y taciturno jardín. Suena un chillido de animal muerto, con sus cuerdas metálicas y su canto de acero, se abre la puerta.
Papá se ve de tierra, es árido, es seco. Llego con su cara arenosa de tiempo y su cabello muerto y suave desordenado sobre su cabeza confusa de blancos.
Su voz es desierto.
Hace tiempo que me extraña padre, tiene los ojos demorados y la piel amarilla, desabrida.
Papá esta muerto.
Me dijo madre que en su tiempo (en los tiempos en que la boca de padre no era desierto ni arena desdoblada en rojo) Padre era un amante de esos de siglo, que glosaba y encabalgaba sus noches en secretos de ceguera y de dilataciones.
Mamá esta muerta.
El tacto confundido de mamá tienta el aire adivinando el paso, sugiere entonces en sutil canturreo la forma que en los años se ha pactado en palabra. Aletargada, dormida y aguda.
Los árboles danzaban en rayas, mientras padre miraba con brío el sutil velo de venas que se le ofrecía, abrió las humedades de mamá y aspiro, se comió sus pulmones y probó el dulce olor de la saliva.
Yo creo que mamá gritaba por que abría los ojos con voz quebrada y sus pupilas se llenaban de arrugas carmesí.
Si, mamá gritaba.
Su cabello se volvió cano, y los pliegues se le sentaron todos en la cara. Se le salto la sangre en los ojos.
El polvo crecía y la casa se volaba en polvo, en tierra, en tiempo.
Papá estrujo a madre con brazos de toro, su vestido de celofán se hizo jirones y el cuerpo entero se le sumergió en temblor. Mamá lloro sin lagrima alguna, estaba seca, pero lloraba, lo supe cuando su cornea bailo desesperada en un vaivén cortante.
Fue ya después de unos años (todos se avecinaron en horas), que padre devoro a mamá, se comió su cabello y su hígado, las sombras y el pasado, se comió su nombre. Mamá grito su nombre y papá se devoro su recuerdo.
Gris y estéril se derrumbo en polvo, padre seguía con su boca abierta de tiburón, de infinito abismo.
Pero madre era ya polvo, papá suspiro y aspiro, pero no había nada, y su boca danzo en el aire, y sus brazos abrazaron (y abrasaron) el ruido, se llenaba de madre que es nada.
Mamá es arroyo, padre es desierto.
Mi madre se invoca en palabra,
de agua y tormenta,
diluvio de retórica y figura,
palabra de lluvia sagrada.
Papá es el tiempo
que nombre borró.
















Comments
*////////*!
es muy nostalgicamente difuso...
y golpea a veces la mente tener ke pensar de una forma muy real, pero a la vez haces magia en tus lineas...
me encanta como escribes!
Espero poder seguir leyendote
ni^^?
Me recuerda un poco a la mitología griega tu escrito, Cronos, Gaia... No sé. Me ha gustado mucho.
Previous PageNext Page